Tras casi 3 meses en Taiwan, este es un buen momento para reflexionar sobre todo lo que ha ocurrido en mi vida últimamente.
Mi vida actual transcurre de una forma bastante ordenada gracias a la obligación diaria de asistencia a clases de chino. Van a ser 6 meses de curso en la universidad Feng Chia, que al no estar en Pu Li, me obliga a desplazarme todos los dias en un trayecto de varias horas que sin duda me quita tiempo, pero me permite observar mejor el nuevo entorno en el que vivo.
A paso lento, compruebo como mis conocimientos del idioma van avanzando. Me preocupa no obstante que solo me quedan 3 meses de estudio dirigido y que debo aprovechar lo máximo posible ese periodo puesto que luego todo el posible chino que aprenda deberá ser por mi propia cuenta, algo que siempre es más complicado. Recordando siempre que mi novia, ahora esposa, habla el idioma perfectamente y pasará a ser mi profesora oficial a partir de septiembre.
La pobre esta ahora mismo sentada junto a mí, buscando con su ordenador la mejor combinación de billetes para nuestra vuelta a España de vacaciones en Septiembre con la excusa de los papeles que deberé obtener para conseguir la residencia permanente en el país.
No sería justo y además probablemente carecería de interés comparar Taiwan con España. Simplemente son distintos y ahora estoy viviendo aquí. Hay cosas que me gustan más y cosas que me gustan menos con respecto a mi país natal. Pero Velazquez no es mejor ni peor que Picasso, son distintos.
Mi opinión es que lo importante no es tanto el país en sí, sino la parte del mismo en la que te toca vivir. La gente con la que compartes tu vida diaria marca más tu opinión acerca de Taiwan o España que lo que puedas leer en una enciclopedia sobre lugares que no vas a visitar y no van a influir en tu día a día.
Por eso en este momento la incertidumbre impera. No sabemos si finalmente viviremos en Pu Li, más retrasado, menos cosmopolita, pero tranquilo y manejable, a la vez que cercano a Chi Nan, la universidad donde trabaja Hsiao Ping. O bien Taichung, ciudad más importante, con industria y servicios más abanzados, pero menos gobernable y probablemente más estresante.
El sentido común nos dice que hay más probabilidades de que yo consiga un trabajo en esta última ciudad y en todo caso es más cercana a Taipei y mejor comunicada, para el caso de conseguir un trabajo en la capital. Pero por contra, vivir allí implica que Hsiao Ping debería ser la que se desplace a la universidad los días que deba impartir clase o reunirse allí.
Y en esa disyuntiva estamos actualmente, además de muchos otros pequeños detalles que conforman el usual devenir de una pareja recién casada, que al menos no debe conocerse entre sí, porque son muchos los años que llevamos viviendo o compartiendo experiencias juntos como para saber de qué pié cojea cada cual. Sobre todo Hsiao Ping conoce de qué pies cojeo, porque parece que lo hago de los dos. Agradezcamos su eterna paciencia y que su caracter no es en absoluto como el mío, para que el barco siga surcando las procelosas aguas de la vida sin amenazar hundimiento.
Tras el largo parón, creo que es buen momento para interrumpir mi escrito de hoy, no sin antes prometer mayor constancia en este proyecto.
Everyday we think of work, family and friends. Sometimes we think of something else and is nice to write about it.
May 19, 2007
Sep 20, 2006
Respuesta al dolor
Hoy me ha mandado mi hermano un correo en el que incluía un artículo, muy vehemente todo sea dicho, en el que la autora tomaba partido por una de las partes en la polémica (una de ellas) que estas fechas invade nuestro país. Versaba el artículo sobre las presuntas sedaciones a pacientes terminales en el servicio de urgencias del Hospital de Leganés que acabaron en algunos casos en una muerte prematura.
Bien, esa es la forma de exponer el caso por parte de los denunciantes. Los agradecidos pacientes, si por milagro o decencia de cara a la autoridad judicial competente, se levantaran de sus tumbas para dar su opinión, sin duda 100 de cada 100 agradecerían ese acortamiento voluntario de horas o, a lo sumo un par de días, de su último caminar por este valle de lágrimas que llamamos vida.
La miseria afortunadamente no ha afectado a los principales implicados. Sí a los facultativos que sin ningún beneficio para su carrera profesional, más bien todo lo contrario, tomaron una decisión con el paciente como exclusiva fuente motivadora.
No es la primera vez que leo comportamientos opuestos donde lo primero es curarse en salud, significando eso, evitar posibles demandas por negligencia médica y luego atender las necesidades del paciente siempre que no se arriesgue el primer objetivo. Lei no hace mucho que en España el número de cesáreas es innecesariamente elevado. Dato siempre acompañado de la escasa mortalidad infantil en este país, acaso la más baja del mundo.
No me gusta demasiado la economía de mercado, como no me gusta la ley de la selva, aquella de la que el ser humano se ha liberado en el mismo momento que alcanzó la consciencia de si mismo y empezó a construir ciudades y a pensar en el arte, no solo en comida y reproducción. Pero con todas las reservas hechas ya que la medicina es una actividad económica especial. No cabe en la cabeza que un arquitecto te ponga una cimentación propia de un bunker para el chalecito de la playa o que el fabricante de automóviles te blinde el coche cual acorazado Potemkin, si no vas a ir a la guerra con él, con la única finalidad de que no le demandes si tienes un accidente y resultas gravemente herido o si se hunde el chalecito de la playa.
Lo triste de todo esto es que en realidad estamos inmersos en una discusión política más en la que los partidos tratan de sacar tajada y sobretodo restar votantes al adversario. Cuando en realidad debería producirse un debate social sin partidismos sobre el tema.
Es mejor que las cosas pasen fuera, porque así se pueden discurtir más libremente y cada uno puede expresar su opinión si acusaciones de deslealtad al partido.
Mientras tanto otros enfermos terminales estarán sufriendo más de lo debido por la negativa de sus médicos a aliviar el dolor...y no les culpo del todo, viendo la que se le avecina al equipo médico de urgencias del hospital de Leganés.
Bien, esa es la forma de exponer el caso por parte de los denunciantes. Los agradecidos pacientes, si por milagro o decencia de cara a la autoridad judicial competente, se levantaran de sus tumbas para dar su opinión, sin duda 100 de cada 100 agradecerían ese acortamiento voluntario de horas o, a lo sumo un par de días, de su último caminar por este valle de lágrimas que llamamos vida.
La miseria afortunadamente no ha afectado a los principales implicados. Sí a los facultativos que sin ningún beneficio para su carrera profesional, más bien todo lo contrario, tomaron una decisión con el paciente como exclusiva fuente motivadora.
No es la primera vez que leo comportamientos opuestos donde lo primero es curarse en salud, significando eso, evitar posibles demandas por negligencia médica y luego atender las necesidades del paciente siempre que no se arriesgue el primer objetivo. Lei no hace mucho que en España el número de cesáreas es innecesariamente elevado. Dato siempre acompañado de la escasa mortalidad infantil en este país, acaso la más baja del mundo.
No me gusta demasiado la economía de mercado, como no me gusta la ley de la selva, aquella de la que el ser humano se ha liberado en el mismo momento que alcanzó la consciencia de si mismo y empezó a construir ciudades y a pensar en el arte, no solo en comida y reproducción. Pero con todas las reservas hechas ya que la medicina es una actividad económica especial. No cabe en la cabeza que un arquitecto te ponga una cimentación propia de un bunker para el chalecito de la playa o que el fabricante de automóviles te blinde el coche cual acorazado Potemkin, si no vas a ir a la guerra con él, con la única finalidad de que no le demandes si tienes un accidente y resultas gravemente herido o si se hunde el chalecito de la playa.
Lo triste de todo esto es que en realidad estamos inmersos en una discusión política más en la que los partidos tratan de sacar tajada y sobretodo restar votantes al adversario. Cuando en realidad debería producirse un debate social sin partidismos sobre el tema.
Es mejor que las cosas pasen fuera, porque así se pueden discurtir más libremente y cada uno puede expresar su opinión si acusaciones de deslealtad al partido.
Mientras tanto otros enfermos terminales estarán sufriendo más de lo debido por la negativa de sus médicos a aliviar el dolor...y no les culpo del todo, viendo la que se le avecina al equipo médico de urgencias del hospital de Leganés.
Sep 19, 2006
hoy es 19 de septiembre del año 2006
Solo el paso de las horas nos dirá si es una fecha más o un día que permanecerá en nuestra memoria por los siglos de los siglos, ya sea en la memoria individual o colectiva.
Lo que esta claro es que una fina linea separa los buenos días de los malos. Si la tragedia no se ceba en uno, en cuyo caso todos los días van a ser malos o peores, los pequeños detalles dominan nuestra existencia de forma dramática. Una mirada mal interpretada, la lluvia por la mañana, una mancha de café son suficientes para cambiar la forma en la que vemos la vida hoy.
Somos marionetas cuyos hilos estan sujetos por la cotidianeidad, casi peor que la perspectiva de un Master of puppets ahí arriba, porque nada más aleatorio y futil que el devenir de cada día.
Acaso el mundo sería distinto si aprendieramos a sobreponernos a ese tipo de esclavitud, adueñarnos un poco más de las riendas del día a día, es dirigir nuestro destino algo más, lo cual no es poco, porque el destino es un maldito caballo desbocado, imposible de domar del que solo debemos esperar que no nos machaque con sus siempre erguidas patas delanteras.
Y el caso es que siento que yo domino mi futuro, no al revés. Como supongo que intimamente todo aquel que para a reflexionar sobre el tema, cree.
Quizás dentro de unas horas vuelva a escribir unas lineas que en unos años me saquen de la duda sobre el 19 de septiembre del año 2006, quizás no haga falta y sea ese intrascendente día que sospecho. Puede que unas horas me separen de lo que los matemáticos llaman un punto de inflexión, al que añado el epíteto vital, y las cosas nunca vuelvan a ser igual.
Porque tarde o temprano nos cruzamos en el camino con esos momentos críticos que llevan nuestra vida por un derrotero u otro. Lo divertido, emocionante y finalmente trágico es que no suelen darnos tiempo a prepararnos apropiadamente porque son eso, impredecibles instantes que nos acechan a la vuelta de la esquina.
Honestamente creo que el punto más crucial de mi vida ya pasó y solo la suerte me ha hecho finalmente darme cuenta de ello. Conocí a Hsiao Ping un buen día frío de diciembre, hace casi 8 años. Fue tan simple como sonreir en el momento en que su mirada cruzó con la mía. Solo eso, marcará los años que resten de mi vida.
Que injusta y aterradora suena en mi cabeza la posibilidad de haber estado 5 minutos antes o 5 minutos después en el exacto camino que la vida había marcado para Hsiao Ping aquella noche fría de invierno.
Lo que esta claro es que una fina linea separa los buenos días de los malos. Si la tragedia no se ceba en uno, en cuyo caso todos los días van a ser malos o peores, los pequeños detalles dominan nuestra existencia de forma dramática. Una mirada mal interpretada, la lluvia por la mañana, una mancha de café son suficientes para cambiar la forma en la que vemos la vida hoy.
Somos marionetas cuyos hilos estan sujetos por la cotidianeidad, casi peor que la perspectiva de un Master of puppets ahí arriba, porque nada más aleatorio y futil que el devenir de cada día.
Acaso el mundo sería distinto si aprendieramos a sobreponernos a ese tipo de esclavitud, adueñarnos un poco más de las riendas del día a día, es dirigir nuestro destino algo más, lo cual no es poco, porque el destino es un maldito caballo desbocado, imposible de domar del que solo debemos esperar que no nos machaque con sus siempre erguidas patas delanteras.
Y el caso es que siento que yo domino mi futuro, no al revés. Como supongo que intimamente todo aquel que para a reflexionar sobre el tema, cree.
Quizás dentro de unas horas vuelva a escribir unas lineas que en unos años me saquen de la duda sobre el 19 de septiembre del año 2006, quizás no haga falta y sea ese intrascendente día que sospecho. Puede que unas horas me separen de lo que los matemáticos llaman un punto de inflexión, al que añado el epíteto vital, y las cosas nunca vuelvan a ser igual.
Porque tarde o temprano nos cruzamos en el camino con esos momentos críticos que llevan nuestra vida por un derrotero u otro. Lo divertido, emocionante y finalmente trágico es que no suelen darnos tiempo a prepararnos apropiadamente porque son eso, impredecibles instantes que nos acechan a la vuelta de la esquina.
Honestamente creo que el punto más crucial de mi vida ya pasó y solo la suerte me ha hecho finalmente darme cuenta de ello. Conocí a Hsiao Ping un buen día frío de diciembre, hace casi 8 años. Fue tan simple como sonreir en el momento en que su mirada cruzó con la mía. Solo eso, marcará los años que resten de mi vida.
Que injusta y aterradora suena en mi cabeza la posibilidad de haber estado 5 minutos antes o 5 minutos después en el exacto camino que la vida había marcado para Hsiao Ping aquella noche fría de invierno.
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